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El Che que conocimos. Por: Luis Crespo
Tomado del libro Las huellas del Che, de Mariano Rodríguez.
En el viaje del Granma el Che venía como médico, aunque él no decía que era médico, sino “matasanos”. Cuando desembarcamos lo ayudé por primera vez. Ya sabía que él era asmático y, bueno, hay un problema sentimental y es que mi padre era asmático, por eso, cada vez que veo a una persona con ese padecimiento, me acuerdo de mi familia. En medio de aquel pantano me encuentro con un campesino que estaba muy integrado a la lucha, y se lo llevé a Fidel, pero el resto de los compañeros no llegaba, y me voy hasta donde estaba el Che y le digo: Dame acá la mochila para ayudarte y me responde: No, ¡qué me vas a ayudar! Y yo que sí, que él viene cansado del pantano y que le voy a ayudar. Entonces me dice: ¡Tu madre va a ayudarme, yo vine aquí a pelear, yo no vine a que nadie me ayude! Se expresaba así porque ya desde México nos tratábamos de esa forma. Al fin logré quitarle la mochila; pero diciéndole que ya estábamos cerca, que ya estábamos llegando. En otro lugar, durante un combate, no recuerdo exactamente dónde, el Che estaba con un ataque de asma. ¡Era tremendo cada vez que él tenía un ataque de asma! Fíjese que yo me ponía a darle fricciones en la espalda y a echarle fresco, siempre yo estaba preocupado por eso. Pues bien, durante ese ataque asmático él estaba hirviendo una jeringuilla para inyectarse, y yo me pongo a mirar y veo a los soldados tirando un cerco, y le aviso: ¡Mira los soldados! El pregunta: ¿Dónde? Y le señalo el sitio. Entonces dice: Bueno, pues váyanse todos. Yo le digo que no, que no nos vamos, que se inyecte. Entonces, finalmente, ni me acuerdo bien si se inyectó, le quité la mochila y el fusil y lo cargué un rato. Pero el insistía: Déjame aquí, déjame aquí. Tenía un ataque de asma pero que era algo mortal. Bueno, lo subimos por una loma a remolque, lo que se llama arrastrado, pues ya no podía mover los pies: y se quedó allí mientras nosotros íbamos hasta la casa de un campesino que se portó muy bien con él. Unas veces curo. .. y otras no curo, yo vine aquí a combatir, decía. Por último convencía a Fidel. Yo creo que si no lo dejan combatir es el primer desertor que tiene nuestro ejército. En la guerrilla, el Che quería estar peleando siempre e insistía mucho en tirotear las tropas enemigas; en ir dos o tres hombres y tirarles. Se les tiroteaba y se tenía la noche para caminar. Y eso, según parece, era un problema psicológico, de impacto psicológico; grupitos de tirar por aquí y por allá. Él lo que quería siempre era pelear. El Che me contaba que en México se había metido a fotógrafo y otra vez estuvo cazando mariposas. Y yo le preguntaba: ¿ Pero tú eres científico o qué cosa eres tú? ¿Qué tú haces con las mariposas? Le decía que en Cuba había muchas mariposas. Y siempre me estaba preguntando de Cuba. Cuando los pueblos despierten en la América, va a ser la revolución más grande de todo el mundo, decía. Otra de sus aspiraciones era la cultura, cómo decir las cosas. A mí constantemente me estaba criticando, porque al hablar me como muchas letras; yo pronunciaba “cacbón” y “pacque”, y el siempre me decía (burlonamente) el pacque, el pacque, ahí viene el pacque, el cacbón, el cacbón. Quería que todos habláramos correctamente. El fue el que creó aquí, en la Sierra Maestra, la primera fábrica de armas, la sastrería, la zapatería. Siempre tenía muy latente el liberar una zona para resolver a los campesinos el problema de la alimentación y de la atención médica. El cubano libre... Lo fundó en la Sierra. Yo no sé de dónde sacó un mimeógrafo y el periódico nos llegaba a nosotros diariamente. Todos los días había un mensajero pa’llá y otro pa’cá distribuyendo el periódico del Che. El primer día que anunciaron la llegada del periódico del Che, yo dije: ¿Cómo periódico del Che, chico? Y pensé que estaría escribiendo su diario de campaña: pero entonces veo el panfleto aquel con un mapa de Cuba, y me convencí de que efectivamente era un periódico. Vos. ..ahí tenés mi tropa. .. dijo el Che a Fidel en Llanos del Infierno. Creo que hasta ya habían tenido su combate; unos con una escopeta, otros con un machete. .. Ahí estuvieron hablando él y Fidel, pero no recuerdo la conversación. ¡Yo te digo a ti que las cosas que tenía el Che! Lo que pasa es que haría falta tiempo para acordarse de todo, pero tú sabes lo que es que llegue y le diga a Fidel: Vos, ahí tenés mi tropa. Con todas las armas viejas que Fidel había dejado guardadas en el Uvero. Recogió todas las armas rotas. ¡Todo lo recogió, todo!. Coge ese cuchillito y me traes un fusil. .. le dijo a Antonio. Recuerdo que habíamos salido de La Pata de la Mesa y en el grupo venía Antonio. Mientras bajábamos, no recuerdo por dónde, pero íbamos para un combate, se forma una discusión, y el Che mandó a callar a todo el mundo, pues estábamos cerca de la casa de un campesino y no era correcto, podían oírnos. Íbamos bajando por ahí y él manda a callar y pregunta que había pasado. Entonces Antonio y el otro que se van a las manos y Antonio diciendo que este queséyoque y este queseyocuánto, y la gente metiéndose por el medio, y el Che preguntando: Bueno, ¿qué tú hiciste? Y de nuevo se forma la discusión. Entonces el Che le pide el fusil a Antonio y le dice dos o tres frases, la señala para un cuchillito que traía Antonio y le ordena: Tú vas con ese cuchillito y me traes un guardia. ..o el fusil o el guardia. ..porque si no, te fusilo. Y Antonio hizo así y cogió el cuchillo, entregó el fusil a otro compañero y salió caminando. Cuando había pasado un rato, le digo, Che, yo creo que eso. ..y le di a entender que era muy duro. Y él me responde: ¿Antonio no me dice que es guapo? ¡Que vaya a matar guardias, carajo! Ah, ¿tú también estás apendejao? Porque te mando a ti también. Digo, bueno, bien, está bien, pero vamos a resolver el problema ese. Y entonces me dijo: bueno , está bien, dile que venga. Y mandó a que le devolvieran el fusil. .. Si no intervengo, Antonio tiene que ir con el cuchillo y traer el guardia; iba él primerito adelante, muy dispuesto. .. Tenerlo todo al día... Era una de las consignas. No se cansaba de repetir que lo que se deja para luego, para luego se quedaba. Se preocupaba porque lo que estuviera en sus manos marchara bien. Decía que una cosa sencilla podía ser en el futuro una cosa grande, importante. Había que tenerlo todo al día. |
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Centro de Estudios
Che Guevara |
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