Vida, obra y pensamiento
 


Las biografí­as del Che Guevara.

Introducción.
 
La vida y obra de Che Guevara suscitó, en los años inmediatos después de su muerte, un notable número de biografías. Probablemente, ninguna personalidad histórica de este siglo luego de perecer recibió una atención tan extendida, numerosa y variada en biografías publicadas en tan breve tiempo.(1)

El mito provocó también la necesidad de conocer cómo y de dónde surgió Che. Y por ello varios biógrafos comprendieron que tenían un terreno fértil y vasto para hacer circular sus interpretaciones acerca de esa figura que provocaba tanta admiración y curiosidad (quién era y cómo era antes de morir).

Sin embargo, la mayoría de esas biografías contribuyeron más a tergiversar que a explicar correctamente la vida de Che. Casi todas escritas en breve lapso —incluso en 45 días, como fue el caso de Mi amigo el Che—, resultaron carentes de seriedad. Sus autores cedieron al afan de lucro y de promoción individual, aprovechándose del interés que despertaba la personalidad multifacética del Guerrillero Heroico. Algunos de ellos trabajaron por encargo de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA) y otros hicieron diversas interpretaciones superficiales, capciosas e intencionadas, movidos por su ideología y valores políticos ajenos o contrarios al pensamiento y la acción del Che. Paradójicamente, en el campo revolucionario —tanto del mundo capitalista como socialista— las biografías han sido virtualmente inexistentes, aunque en los últimos años se publicaron algunas importantes(2).

Todas las biografías consultadas abordan en una medida u otra, con enfoques y matices diferenciados que examinaremos después, los siguientes eslabones de la vida de Che: formación de su personalidad (valores, carácter) y de sus ideas políticas; recorridos por América Latina hasta su incorporación al movimiento revolucionario cubano, en México; participación en la lucha revolucionaria en Cuba hasta el triunfo de 1959; su papel y obra como dirigente de la Revolución; relación Che-Fidel y Che-URSS; causas de la salida de Cuba y de su fracaso en Bolivia; impacto de su muerte e influencia mundial de sus ideas y ejemplo.

Las biografías seleccionadas para este trabajo pueden tomarse como una muestra típica de las obras de ese género publicadas hasta hoy. Es útil reseñarlas y comentarlas primero por separado y examinarlas después en conjunto. Así el análisis individual de un grupo de ellas permitirá al lector hacer sus propias conclusiones y extraer las prevenciones convenientes, al decidir buscar en esas obras una comprensión cabal de la vida del hombre de carne y hueso que fue el Che.

Comenzaremos por aquellas obras que en sus enfoques transparentan el propósito de tergiversar con fines malévolos la vida y la obra del biografiado.

La más perversa biografía.
El más connotado es el texto de Daniel James, titulado Che Guevara, una biografía(3). Los nombres de varios capítulos enuncian las intenciones del autor: "Muere un revolucionario, nace un mito", "Cómo se hizo Quijote", "El Quijote sobre el poder", "El rompimiento con Fidel", "Preludios del desastre", "¿Traicionó Fidel al Che?".

Este libro —sin duda la biografía mas reaccionaria y perversa— fue concebido para influir ante todo en los jóvenes norteamericanos y europeos, que por aquellos años encarnaron importantes movimientos de rebeldía y tomaron a Che como uno de sus paradigmas. Sus mordaces valoraciones y propósitos contrarrevolucionarios, unido a la apología y defensa del imperialismo, anulan toda posibilidad de influencia sustantiva en el lector de orientación progresista. Su eficacia más bien es alimentar y reafirmar la ideología más conservadora; incluso resulta dudosa su parcial credibilidad para sectores liberales de los Estados Unidos(4),

Sin embargo, por tener en su base una metodología especializada, vale la pena demostrar analíticamente los componentes e intenciones de esa obra: pretende, como eje central, desmitificar al Che, no para bien, sino con el fin de reconstruir una imagen suya exactamente contraria a sus elevadas virtudes personales. Explica así la formación del carácter atribuyendole al asma la creación de valores tales como "resentimiento", el "humor amargo" y la "voluntad". A ello agrega que en las circunstancias históricas en que creció, en las que "dominaba el odio y la violencia", fue natural que se le desarrollaran tales valores, "dado su temperamento apasionado". Che se convierte en un aventurero a ultranza, que gusta de la violencia por sí rnisma; es un Quijote, pero "absurdo" como éste; fue además "cruel" porque a diferencia de aquel actuó en la realidad, movido "por una combinación de idealismo y fatalismo"; fue producto de su pasado "romántico y pastoral", un hombre pretérito, caballero medieval (el Cid), un condotiere. Como guerrillero, en Cuba, no aportó nada, salvo que ejecutó una estrategia diseñada en el siglo XIX; su reputación ha sido exagerada, es un mito, no se puede comparar con Ho Chi Minh, o Mao, o Pancho Villa. Cuando subió al poder fue cruel e insensible; para destruir el ejército asesinó en el paredón a miles de inocentes. Fue el principal arquitecto del Estado comunista cubano; Fidel hacía lo que pensaba Che, pero este terminó vencido por el pragmatismo de aquel, que se puso al lado de los comunistas de tendencias soviéticas; su labor al frente de la economía fue un fracaso y al no firmar la Carta de Punta del Este ("Alianza para el Progreso"), Cuba fue llevada "al satelismo de la URSS"; por todo ello, le fue imposible seguir en Cuba y por eso rompe con Fidel. Va al Congo y fracasa, como también habia fracasado en la Cuba postrevolucionaria: "un héroe en derrota". El hubiera querido permanecer en Cuba, pero "fue obligado a largarse". Su guerrilla en Bolivia representa "el fracaso perfecto"; Fidel 1o envió allí deliberadamente y el acudió a una muerte esperada, "fatal". "El guevarismo no pasa de ser un abigarrado conjunto de ideas y teorías. No puede ponerse en las mismas categorias de Marx, Lenin o Mao". Quiso ser un Bolivar comunista, "pero Ilegó a la escena con el atraso de un siglo". "Tiene más en común con Trotsky que con Lenin y más con Mao que con Trotsky". Tiende hacia el utopismo y el nihilismo. En resumen: "el guevarismo y Guevara deben ser considerados como fenómenos de importancia secundaria".

Los mensajes están claros y los objetivos también. No se trata —resulta obviamente innecesario— de rebatir aquí ni unos ni otros, pues la grandeza de Che no puede ser opacada por esta burda desvirtuación. Vale la pena conocer esa silueta deformada, pues ella da la medida, por el contrario, de la verdadera y trascendental importancia histórica de la figura de Che. Su integralidad, como líder revolucionario de relieve mundial y pensador que hace señalados aportes a la teoría marxista, su valor como paradigma del hombre nuevo y su ejemplo insuperable de hombre de acción e ideas es captado por el enemigo. De ahí el afan —en obras como la de James— de "recuperar" cada uno de esos ingredientes vitales, deformándolos uno a uno hasta derivar una moraleja de índole pragmática: Che no es un hombre de este siglo, es anacrónico, no sirve para ahora ni para mañana, es una pieza de museo que como tal debe ser admirada o rechazada.

Esa fue la línea principal de la propaganda contra Che antes de pasar a la etapa del silenciamiento: tratar de oscurecer su figura, crear duda y confusión, disminuirle su grandeza y neutralizar sus poderosos efectos como idea-ejemplo-fuerza. En tal sentido, la obra de James, aunque grotesca, es el intento más significativo con ese propósito.

Biografía del aventurero.
Del mismo género, aunque con menos detalles e intenciones más reducidas, es la biografía del autor Horacio Daniel Rodriguez, Che Guevara: ¿aventura o revolución ? (5).

El hilo conductor de esta obra es mostrar a Che igual a un aventurero de todas las épocas: juega su destino por un rumbo indeterminado y su inseguridad lo lleva a confiar en el azar; en su caso, el aventurero se sirve de la revolución para satisfacer su ansiedad; ésta le viene de la dependecia de la madre, provocada a su vez por el asma. Nada explica la motivación de Che para unirse al "Granma", salvo que éste le permitía continuar la aventura. Con los primeros disparos en la guerrilla, descubre el embrujo por las armas, que se convierte en una obsesión, una pasión devoradora. También asume como un riesgo sus relevantes cargos en la economía, era un neófito en esta materia y por eso fracasa. Adopta una postura oportunista ante el poder, cambiando de ideas con respecto a la Unión Soviética y otros temas según esto sirviera o no para fortalecer aquel. Lo mismo sucede con la doctrina: se adecua a una u otra según sirva al poder. No es aceptable la tesis de que Che tuviera una formación marxista antes de 1959. En teoría, adopta una postura ecléctica, está por encima de Marx; su opúsculo "El socialismo y el hombre en Cuba" es la descripción del ángel, que saldría del pensamiento y viviría en una sociedad de ángeles: una utopía irrealizable. El Che se va de Cuba porque fracasó en la disputa interna y amargado por la dependencia de la revolución a la URSS. Su última aventura es Bolivia; allí, desde el comienzo parece desanimado, incapaz de conducir la guerrilla: fue al encuentro fatal con su destino, "ayudado" por el poco apoyo que recibe de Cuba. La mitología en torno a Guevara no parece satisfacer otras perspectivas que las del romanticismo de los adolescentes y jóvenes inmaduros.

Es curioso que esta biografía de Rodríguez no fuera apenas divu1gada: su primera edición fue en 1968 y la segunda en 1985, ambas en España. El autor conc1uyó la obra dos meses después de morir el héroe guerrillero; es este un texto concebido también con el ánimo de desvirtuar en toda la línea al Che, pero la ve1ocidad de su e1aboración determinó tal vez un resultado más superficial y simplón que el de James, aunque, como se podra apreciar, varias de las deformaciones son simi1ares y los objetivos son idénticos: mellarle el filo cortante a su persona1idad revo1ucionaria universal, escamotear su ejemplo movi1izador. Fue un texto de emergencia, que a1 ser “superado" por el de James dejó de promocionarse.

Una biografía en 45 días.
Otra biografía escrita con mucha prisa fue la de Ricardo Rojo: Mi amigo el Che (6). Aprovechándose de la circunstancia de haber conocido a Ernesto Guevara en la segunda gira por América Latina y de ciertos contactos personales con éste entre 1953 y 1956 y en menor medida después de 1959, Ricardo Rojo, de nacionalidad argentina e ideología inequívocamente burguesa, escribió en tiempo récord este libro, tal vez el más divulgado y conocido y el más referenciado por otros autores en el mundo occidental hasta iniciarse la década de los '90. ¿Valores intrínsecos o promoción comercial de la obra?

Presentada por el autor como una suerte de sus memorias sobre Che, intenta también ofrecer una secuencia biográfica de aquel y, por ende, en las valoraciones que realiza están presentes los criterios ideológicos de Rojo. En rigor, este libro no tiene valores en sí rnismo que le acrediten su repercusión editorial. Las "memorias" de Rojo, para quien haya conocido a Che, no ya directamente, sino en su carácter de figura histórica (acciones y pensamiento), resultan mentirosas, superficiales y deformantes en una gran parte de sus formulaciones (7).

Estas rebasan el límite del testimonio personal y pretenden convertirse en una interpretación de la conducta de Che en importantes momentos de su vida. Ello es obvio en su versión acerca de los motivos que condujeron a Che a la decisión del "proyecto boliviano": Cuba no podía tener independencia frente a "los rusos", ni económica ni política; necesitaba aliados latinoamericanos y tal posibilidad solo era conseguible por la vía de liberar revolucionariamente a esos países. Che trató infructuosamente de lograr el desarrollo industrial de Cuba y llegó hasta admitir que unas relaciones económicas con Estados Unidos serían muy buenas para la Isla, todo con el afán de buscar una distancia prudente de la URSS. AI regresar a Cuba en marzo de 1965 se produce la ruptura con Castro, quien ya había decidido no enfrentarse a los rusos con el interés de hacer sobrevivir a la Revolución Cubana; Che estuvo entonces a punto de convertirse en un nuevo Trotsky, pero prefirió renunciar antes que devenir antagonista del gobierno socialista. Después de la experiencia "amarga" del Congo —Moscú había pactado con Washington las líneas generales de la política africana— Che, de completo acuerdo con Fidel, decide atizar los movimientos de liberación en el continente, que estaban siendo sofocados por la política de apaciguamiento soviética, con lo que se ponía cada vez más en peligro la independencia política y económica de Cuba.

Puede afirmarse que esta es la tesis central del libro de Rojo, a la que dedica el mayor espacio, argumentación, "pruebas" y "testimonios" personales. Su obra carece de aliento intelectual. La personalidad histórica de Che es mutilada, simplificada a los vaivenes de la "confrontación y arreglos entre las grandes potencias", su pensamiento reducido a algunos dudosos dialogos personates con el autor de su vida, subrayada en aquellos instantes en que Rojo estuvo junto a Che.

Sería difícil probar que esta obra haya sido escrita por encargo de la CIA, acusación esgrimida en aquellos años. El hecho de que el autor comprometiera la primera edición con una editorial norteamericana no es prueba convincente, ni tampoco las deformaciones tendenciosas aludidas, pues en aquella coyuntura la propaganda imperialista surtió efecto entre muchos pensadores y políticos. Lo curioso es que Rojo conoció a Che, estuvo en Cuba y se dejó confundir. Instrumento consciente o no de la CIA, lo cierto es que Mi amigo el Che está lleno de falsedades y nunca después el autor las rectificó.

Las múltiples ediciones en español, inglés y varios idiomas permiten levantar la sospecha de que esta obra ha sido promocionada como factor de confusión en torno a Che y Fidel, con el fin de hacer aparecer al primero como víctima de la asfixia de la Revolución por parte de la URSS, y a Fidel como un oportunista. La tesis es obvia: no hay espacio para la independencia real en el continente, Che fue al cadalso inevitable.

Rojo no critica nunca a Che y muchas veces parece mostrar una gran admiración por éste, pero de hecho lo ubica como un simple mortal incapaz de cambiar el rumbo fatal de los acontecimientos, que para Rojo no es la dominación imperialista, sino es el control geopolítico de las zonas de influencias por la URSS y Estados Unidos, en aquellos años de guerra fría.

Yo tengo siete vidas
Del autor alemán Frederich Hetmann, es una biografía de divulgación, concebida para el lector joven de Europa Occidental. Este libro en su primera mitad parece inofensivo, sin mayores pretensiones que divulgar la vida de Che. Pero la segunda parte muestra su verdadera intención tergiversadora: caricaturiza las ideas de Che sobre el hombre nuevo y la eficiencia económica, calificándolo de utópico; sus sentimientos de odio reflejan matices patológicos; también eran irreales las ideas de Che sobre las posibilidades de la lucha armada en Suramérica; la guerrilla en Bolivia aparece signada por la tragedia, la desesperación, la angustia, la desmoralización: fue una locura; se extiende en argumentos para demostrar las divergencias entre Che y el Partido Socialista Popular y Che y la URSS ; Fidel decide conso1idar a Cuba, Che discrepa: quiere extender la lucha de liberación a Suramérica. El autor se apoya en la versión de Rojo para explicar la salida de Cuba, pero dice que es más verosimil el "Informe R": Che, cuando regresó de su última gira en marzo de 1965, fue recluido en una clínica debido a una profunda crisis física y síquica. De ese documento se desprende la explicaci6n "patológica" de la vehemencia explosiva de Che por activar los movimientos de liberación en el Tercer Mundo. Una vez concluido el libro, Hetmann se hace una autoentrevista, para que no queden dudas de su propósito: "Yo admiro a Guevara porque estuvo dispuesto a dar su vida por la realización de una mayor justicia social y nadie puede hacer más (...) Pero eso no puede significar que yo cierre los ojos ante errores que hoy nos resultan evidentes".

Los comentarios son innecesarios. Yo tengo siete vidas reune los ingredientes típicos de la obra hecha por especialistas de inteligencia con fines disolventes, en este caso dirigida a golpear el prestigio de Che entre los jóvenes europeos, a través de un autor que supuestamente lo admira.

Che, psicoanalizado.
Otra muestra de esa línea tergiversadora extrema es Radiografía del Che(9), escrita por el español Enrique Salgado y publicada en 1970. En este caso, se vende un supuesto "ensayo antropológico" que "trata de acercarse y comprender al hombre, tanto como a su peripecia política". Esta obra seudocientífica, dice usar el sicoanálisis: para mostrar a Che "buscador de libertades, incapaz de ligarse totalmente a nadie por considerar inacabada su misión —su ruptura con Fidel Castro así lo demuestra— ofrece curiosos aspectos de depresión y dependencia". Porque "el Che nunca será libre", "ello obedece a su condición de asmático". Su vinculación a América Latina refleja —sublimación de sentimientos mediante— la dependencia extrema a la madre. En las reacciones políticas de Che —tanto en Guatemala, como en Cuba y después—, hay mucho de biológico.

Siguiendo esa pauta sicoanalítica, Salgado intenta explicar la vida de Che y, para colmo, se apoya además en las versiones de Ricardo Rojo, Gambini y James. De todo esto sale una versión de Che enfermo, con una personalidad deformada por el asma que lo convirtió en un ser en lucha permanente con su frustación y soledad.

1mbécil o instrumento —o ambas cosas—, Salgado llevó hasta límites increíbles el factor asma como ingrediente fundamental en la conducta histórica de Che; tal factor, por cierto, aunque con dosis matizadas, aparece subrayado en las obras de James y Rodríguez y en otras interpretaciones biográficas de Che.

Biografía periodística
Un esfuerzo de más elaboración es el de Hugo Gambini con su Ernesto Che Guevara (10). Publicado también en 1968 en su país, Argentina, el autor de esta obra repite las mismas tesis de Rojo acerca de la salida de Cuba del Comandante Guevara. Sin embargo, este libro refleja con más objetividad relativa la evolución de la vida de Che, aunque no es tampoco un texto riguroso; se trata de una reconstrucción periodística, basada en otros autores, testimonios y cartas publicadas de Che. El anticomunismo de Gambini hace que este reproduzca con naturalidad la tesis de Rojo y otros enfoques similares. Un ingrediente que también descalifica la seriedad de esta obra, son los múltiples diálogos que inventó el autor atribuyéndolos a Che con diferentes interlocutores y la inclusión de supuestos pensamientos expresados por Che en determinadas situaciones. A pesar de estos y otros recursos periodísticos superficiales e irrespetuosos y las deforrnaciones aludidas, el resultado no presenta un saldo tan negativo en comparación con los textos comentados hasta aquí.

Con más reiteración y énfasis que Rojo, Gambini coloca a Che como la "conciencia crítica" de Fidel; influye y orienta a éste en los difíciles años de la Revolución. Es de cierto modo la tesis conocida de Che como cerebro comunista de la Revolución —sin llegar a la caricatura promovida por la prensa norteamericana— y Fidel, el pragmático, que fue arrastrado por los acontecimientos y ayudado en cada etapa por aquel.

También resulta muy superficial Gambini al analizar las ideas económicas y politicas de Che. Por ejemplo, para el autor los criterios de éste sobre la preeminencia de los estímulos morales "no fueron descabellados", porque "la calentura tropical desataba una euforia aprovechable en cada movilización", "Che conocía muy bien a los cubanos y confiaba más en su temperamento que en sus cerebros". El "pretendía alcanzar un objetivo demasiado ambicioso: modificar las estructuras mentales ya mismo, sin esperar el advenimiento de las nuevas generaciones". Respecto a los criterios de Che sobre la estrategia de lucha revolucionaria en América Latina, Gambini le atribuye estar "obsesionado por la idea de la revolución perrnanente (la única receta para evitar los peligros del aburguesamiento, según aprendiera de Leon Trotsky)". El autor revela asi su inconsistencia profesional, al abordar el pensamiento de Che en sus diferencias aristas.

Gambini ha sido, sin embargo, menos divulgado y promocionado. Ello es atribuible a que su obra es más objetiva que otras y a la documentación utilizada por él —hay muchas citas, escritos y cartas de Che—, lo que para la propaganda sesgada es contraproducente; más aún en los primeros años de la muerte de Che, en los que:el impacto mundial de su conducta y de sus ideas crearon una bomba que se propusieron desactivar con la mayor urgencia. Por otra parte el libro de Gambini, por sus desvirtuaciones y deficiencias, no podía ser reproducido por editoras serias, de orientación progresista.

Una biografía sincera
Una obra más positiva —dentro del campo liberal—, sustentada además en métodos más modernos del género biográfico, es la de Andrew Sinclair titulada Guevara (11). Con fines divulgativos, pues no está respaldada por una investigación escrupulosa, el autor evita sin embargo el relato pueril y anecdótico, y hace énfasis en las actividades y campos de ideas más sobresalientes del biografiado. Parte de una premisa: la Revolución Cubana contribuyó en gran medida a la formación y afirmación de su pensamiento político. Pero la muy limitada bibliografía a la que tiene acceso y sobre todo la estrechez de miras ideológico-política del autor, lo llevan a desfigurar y simplificar áreas importantes del pensamiento de Che.

Por ejemplo, sólo toma en cuenta La Guerra de Guerrillas al examinar las ideas de aquel sobre la revolución social y formula apreciaciones completamente falsas: Guevara —dice Sinclair— hace una glorificación de la guerrilla y ofrece "una visión celestial de este héroe perfecto (...) es un santo". Las deformaciones conceptuales también resultan visibles en el terreno de las ideas económicas; afirma que el ascetismo personal de Che "le llevaba a una forma primitiva de comunismo, en la que el dinero es un mal inútil. Lo despreciaba, como los monjes de la Edad Media despreciaban la usura". Este reduccionismo individualista le hace concluir: "Las teorías económicas del Che fueron dictadas por sus principios morales" y, en consecuencia, el autor califica las ideas de aquel sobre el papel de la ley del valor en el socialismo como "una teoría utópica". Y remata: "nunca fue pragmático en sus teorias económicas, más bien era fanático".

En ese tono, el autor en varios momentos transparenta su admiración por el Che y simpatía hacia Cuba:" Aparte de Fidel, ningún otro hombre habría conducido al pueblo cubano al umbral de una sociedad nueva". Sin embargo, al abordar los motivos de Che para ir a Bolivia su explicación es similar a la de Rojo y otros, o sea presiones de la URSS sobre Fidel para cambiar las concepciones económicas, fracaso de Che en este terreno y discrepancias con el líder de la revolución.

La obra de Sinclair tipifica la visión de muchos hombres progresistas, que miran a Che con sus lentes axiológicos liberal-burgueses, y a la vez reflejan su admiración y respeto hacia el singular revolucionario. No es casual, por consiguiente, que ellos invoquen —como hace Sinclair— la ya célebre definición de Jean Paul Sartre: "Che es el hombre más completo de nuestra época", como una premisa de sus valoraciones.

Biografía desde el "socialismo real"
Detengámonos en la unica biografia que, a saber, ha sido escrita por un autor de un país socialista, el libro de Y. Lavretski, Ernesto Che Guevara (12).

Es esta una obra de divulgación hecha con respeto y admiración hacia Che, Fidel y Cuba. Posee buen respaldo bibliográfico, aunque casi nunca refiere las fuentes. Coloca el énfasis en aspectos de la biografía de Che que podían resultar de más interés e importancia para el lector soviético, sin descontar a los países occidentales, sobre todo de nuestro continente. Es un libro que se esfuerza por desmitificar la figura de Che, ofreciendo la evolución de su vida en permanente interacción con las circunstancias y tomando en cuenta —para responder correctamente— muchas de las tergiversaciones aludidas.

Pero es nuestro propósito, siguiendo el norte de este trabajo, abordar los aspectos que consideramos deficientes o incorrectos de los análisis que se formulan (o están ausentes) en la obra de Lavretski.

Existen tres áreas de análisis que no compartimos. La primera se relaciona con la discrepancia del autor respecto a los juicios de Che sobre el papel de la lucha revolucionaria armada en la maduración de las condiciones para tomar el poder en Cuba.

Lavretski afirma que esa tesis "suscita dudas" y argumenta: "la prueba de que existe el budín es la posibilidad de comerlo..." "En esta cuestión, la victoria es el criterio que determina la legitimidad de las acciones de las fuerzas revolucionarias". Estamos en presencia de una discrepancia fundamental con la interpretación de Che sobre el proceso revolucionario cubano, por un lado, y por el otro respecto a sus concepciones sobre el papel del factor subjetivo, de la vanguardia, en el desencadenamiento y aceleración de la "situación revolucionaria", en las condiciones de la mayoría de los países latinoamericanos. Lavretski no lleva su discrepancia a ese plano regional, pero sus argumentos, breves y simples, pueden interpretarse como una respuesta implícita a este enfoque de Che.

AI parecer, el autor rehuye el problema y no analiza con la profundidad y extensión debidas las ideas de Che sobre la estrategia y la táctica de la revolución en América Latina. De un modo lateral e insuficiente vuelve al tema cuando examina comparativamente las condiciones de lucha existentes en Cuba al comenzar la guerra en 1956 y las de Bolivia:"Pero de continuar comparando con los acontecimientos cubanos, la variante boliviana no aparecía tan infalible como podría creerse a primera vista". El biógrafo soviético establece las diferencias, basándose en un método teleológico: el resultado del hecho histórico (la victoria en un caso, la derrota en otro) es su único e infalible criterio de la verdad. ¿Y qué habría pasado si los expedicionarios del "Granma hubieran sido aniquilados en la primera etapa de la guerrilla, lo cual era históricamente posible? ¿Puede considerarse que el Moncada representó una estrategia equivocada debido a las circunstancia fortuitas que provocaron ese revés?

Lavretski es muy respetuoso con la gesta bolivariana y con las ideas de Che sobre la estrategia de lucha, pero tal posición ética no debe conducir a una actitud de afrontar este tema sin la debida profundidad ni con una posición más definida. El Che —escribe el autor— "estaba más persuadido que nunca de la eficacia del método guerillero". Y continua: "Podría discutirse la utilidad y oportunidad de tal tipo de acciones, su forma, la necesidad de un acuerdo y coordinación con los movimientos revolucionarios locales, más no podía discutirse el derecho a realizarla". Al evadir en su obra el fondo de la discusión y no ofrecer la integralidad de las ideas de Che al respecto, Lavretski excluye uno de los elementos clave en la trayectoria de Che, su pensamiento acerca de la revolución en el continente; éste se simplifica o no se considera integralmente, lo que de hecho representa una deformación. Y esto es aún menos aceptable, ya que basándose en formulaciones inexactas el autor expone sus propios criterios en contraste con los de Che, que aparecen equívocos. Esa falta de rigor y objetividad debilita sin duda el meritorio esfuerzo de Lavretski.

La segunda área del pensamiento de Che que apenas aborda son los aportes a la Economía Política del Socialismo. Subraya el papel de Che —"el segundo hombre que más incidió en la política económica de la revolución"— en la edificación de las bases económicas del socialismo en Cuba, pero no resulta tampoco exacta la valoración que hace de las ideas económica-políticas de Che. Lavretski pone el énfasis en una cita aislada de Che: "el socialismo se construye dando más y mejores productos al pueblo, repartiendo más entre el pueblo".

Esa afirmación, sacada de contexto, no refleja las coherentes reflexiones de Che acerca de cómo edificar el socialismo para lograr dar más y mejores productos al pueblo, ciertamente, pero basándose en un con junto de factores —estímulos mora1es, papel de la vanguardia, sistema presupuestario de financiamiento y otros— que el autor virtualmente excluye de su análisis. No menciona los aportes —ni las ideas— de Che a la Economía Política del Socialismo; la muy conocida polémica de 1963 en torno a importantes temas relacionados con esta ciencia no es considerada, ni tampoco sus opiniones sobre las relaciones económicas internacionales. De tal modo queda fuera de la biografía uno de los eslabones más sobresalientes del pensamiento teórico del Che. ¿Acaso es porque el autor lo desconoce, o se trata de un esfuerzo para evitar discrepancias con el biografiado?

Pareciera más esto último. Lavretski, seguramente por su gran respeto hacia Che, evita incursionar en áreas polémicas de su pensamiento, y cuando lo hace trata de acercarlo a sus propias opiniones. Ello ocurre, por ejemplo, al considerar el tema de los estímulos morales y materiales: "Digamos en honor del Che, que si bien defendía la supremacia de los estímulos morales frente a los materiales, en un artículo que se publicó en febrero de 1964 reconoció que ese punto de vista "subjetivo" debía aún ser comprobado en la práctica. Y si se demostraba —escribía— que la política de los estímulos morales impedía el desarrollo de las fuerzas productivas, habría que rechazarla de plano y volver a la política de estímulo material". De tal modo, nuevamente basándose en una cita aislada, se desconoce el conjunto de las ideas sobre el tema y se busca una formulación cuidadosa para que el lector comprenda la supuesta equivocación de Che. Pero esta vez el autor, en su afán de encontrar las raíces del pensamiento de Che, comete un desliz que autoriza a suponer su incomprensión del problema: "Este escritor (José Ingenieros) consideraba que los estímulos morales son la fuerza motriz del progreso social, idea muy afín a los criterios del Che". Lavretski se equivoca por tres razones: para Che, los estímulos morales no son la fuerza motriz de progreso social; Che nunca consideró a Ingenieros —que sepamos— como una de sus fuentes intelectuales básicas; y, por el contrario, todo el pensamiento de Che —también con respecto al papel de los estímulos en la transición socialista— se fundamenta en una interpretación certera del marxismo.

La insuficiencia global de esa biografía es no considerar a Che como un creador que dejó importantes aportes a la teoria de la revolución y del socialismo. Y, por otra parte, la inconsecuente postura del autor ante el biografiado, con quien tiene evidentes divergencias y en vez de exponerlas, las oculta o minimiza.

Biografía desde el "socialismo real"
Detengámonos en la unica biografia que, a saber, ha sido escrita por un autor de un país socialista, el libro de Y. Lavretski, Ernesto Che Guevara (12).

Es esta una obra de divulgación hecha con respeto y admiración hacia Che, Fidel y Cuba. Posee buen respaldo bibliográfico, aunque casi nunca refiere las fuentes. Coloca el énfasis en aspectos de la biografía de Che que podían resultar de más interés e importancia para el lector soviético, sin descontar a los países occidentales, sobre todo de nuestro continente. Es un libro que se esfuerza por desmitificar la figura de Che, ofreciendo la evolución de su vida en permanente interacción con las circunstancias y tomando en cuenta —para responder correctamente— muchas de las tergiversaciones aludidas.

Pero es nuestro propósito, siguiendo el norte de este trabajo, abordar los aspectos que consideramos deficientes o incorrectos de los análisis que se formulan (o están ausentes) en la obra de Lavretski.

Existen tres áreas de análisis que no compartimos. La primera se relaciona con la discrepancia del autor respecto a los juicios de Che sobre el papel de la lucha revolucionaria armada en la maduración de las condiciones para tomar el poder en Cuba.

Lavretski afirma que esa tesis "suscita dudas" y argumenta: "la prueba de que existe el budín es la posibilidad de comerlo..." "En esta cuestión, la victoria es el criterio que determina la legitimidad de las acciones de las fuerzas revolucionarias". Estamos en presencia de una discrepancia fundamental con la interpretación de Che sobre el proceso revolucionario cubano, por un lado, y por el otro respecto a sus concepciones sobre el papel del factor subjetivo, de la vanguardia, en el desencadenamiento y aceleración de la "situación revolucionaria", en las condiciones de la mayoría de los países latinoamericanos. Lavretski no lleva su discrepancia a ese plano regional, pero sus argumentos, breves y simples, pueden interpretarse como una respuesta implícita a este enfoque de Che.

AI parecer, el autor rehuye el problema y no analiza con la profundidad y extensión debidas las ideas de Che sobre la estrategia y la táctica de la revolución en América Latina. De un modo lateral e insuficiente vuelve al tema cuando examina comparativamente las condiciones de lucha existentes en Cuba al comenzar la guerra en 1956 y las de Bolivia:"Pero de continuar comparando con los acontecimientos cubanos, la variante boliviana no aparecía tan infalible como podría creerse a primera vista". El biógrafo soviético establece las diferencias, basándose en un método teleológico: el resultado del hecho histórico (la victoria en un caso, la derrota en otro) es su único e infalible criterio de la verdad. ¿Y qué habría pasado si los expedicionarios del "Granma hubieran sido aniquilados en la primera etapa de la guerrilla, lo cual era históricamente posible? ¿Puede considerarse que el Moncada representó una estrategia equivocada debido a las circunstancia fortuitas que provocaron ese revés?

Lavretski es muy respetuoso con la gesta bolivariana y con las ideas de Che sobre la estrategia de lucha, pero tal posición ética no debe conducir a una actitud de afrontar este tema sin la debida profundidad ni con una posición más definida. El Che —escribe el autor— "estaba más persuadido que nunca de la eficacia del método guerillero". Y continua: "Podría discutirse la utilidad y oportunidad de tal tipo de acciones, su forma, la necesidad de un acuerdo y coordinación con los movimientos revolucionarios locales, más no podía discutirse el derecho a realizarla". Al evadir en su obra el fondo de la discusión y no ofrecer la integralidad de las ideas de Che al respecto, Lavretski excluye uno de los elementos clave en la trayectoria de Che, su pensamiento acerca de la revolución en el continente; éste se simplifica o no se considera integralmente, lo que de hecho representa una deformación. Y esto es aún menos aceptable, ya que basándose en formulaciones inexactas el autor expone sus propios criterios en contraste con los de Che, que aparecen equívocos. Esa falta de rigor y objetividad debilita sin duda el meritorio esfuerzo de Lavretski.

La segunda área del pensamiento de Che que apenas aborda son los aportes a la Economía Política del Socialismo. Subraya el papel de Che —"el segundo hombre que más incidió en la política económica de la revolución"— en la edificación de las bases económicas del socialismo en Cuba, pero no resulta tampoco exacta la valoración que hace de las ideas económica-políticas de Che. Lavretski pone el énfasis en una cita aislada de Che: "el socialismo se construye dando más y mejores productos al pueblo, repartiendo más entre el pueblo".

Esa afirmación, sacada de contexto, no refleja las coherentes reflexiones de Che acerca de cómo edificar el socialismo para lograr dar más y mejores productos al pueblo, ciertamente, pero basándose en un con junto de factores —estímulos mora1es, papel de la vanguardia, sistema presupuestario de financiamiento y otros— que el autor virtualmente excluye de su análisis. No menciona los aportes —ni las ideas— de Che a la Economía Política del Socialismo; la muy conocida polémica de 1963 en torno a importantes temas relacionados con esta ciencia no es considerada, ni tampoco sus opiniones sobre las relaciones económicas internacionales. De tal modo queda fuera de la biografía uno de los eslabones más sobresalientes del pensamiento teórico del Che. ¿Acaso es porque el autor lo desconoce, o se trata de un esfuerzo para evitar discrepancias con el biografiado?

Pareciera más esto último. Lavretski, seguramente por su gran respeto hacia Che, evita incursionar en áreas polémicas de su pensamiento, y cuando lo hace trata de acercarlo a sus propias opiniones. Ello ocurre, por ejemplo, al considerar el tema de los estímulos morales y materiales: "Digamos en honor del Che, que si bien defendía la supremacia de los estímulos morales frente a los materiales, en un artículo que se publicó en febrero de 1964 reconoció que ese punto de vista "subjetivo" debía aún ser comprobado en la práctica. Y si se demostraba —escribía— que la política de los estímulos morales impedía el desarrollo de las fuerzas productivas, habría que rechazarla de plano y volver a la política de estímulo material". De tal modo, nuevamente basándose en una cita aislada, se desconoce el conjunto de las ideas sobre el tema y se busca una formulación cuidadosa para que el lector comprenda la supuesta equivocación de Che. Pero esta vez el autor, en su afán de encontrar las raíces del pensamiento de Che, comete un desliz que autoriza a suponer su incomprensión del problema: "Este escritor (José Ingenieros) consideraba que los estímulos morales son la fuerza motriz del progreso social, idea muy afín a los criterios del Che". Lavretski se equivoca por tres razones: para Che, los estímulos morales no son la fuerza motriz de progreso social; Che nunca consideró a Ingenieros —que sepamos— como una de sus fuentes intelectuales básicas; y, por el contrario, todo el pensamiento de Che —también con respecto al papel de los estímulos en la transición socialista— se fundamenta en una interpretación certera del marxismo.

La insuficiencia global de esa biografía es no considerar a Che como un creador que dejó importantes aportes a la teoria de la revolución y del socialismo. Y, por otra parte, la inconsecuente postura del autor ante el biografiado, con quien tiene evidentes divergencias y en vez de exponerlas, las oculta o minimiza.

Notas

(3) La edici6n consultada corresponde a la Editorial Diana, México, 6ta. impresión, 1979. La primera impresión en español es de mayo de 1971. Y la edición original. en inglés, es de 1968 (Stein and Day Publishers).
(4) Es, por ejemplo, el único biógrafo que se atreve a justificar el asesinato de Che y defiende abiertamente la acción de la CIA contra Arbenz en 1954.
(5) Horacio Daniel Rodríguez. Che Guevara: ¿aventura o revoluci6n ? Editorial Plaza Janés, Barcelona, 1968.
(6) Ricardo Rojo. Mi amigo el Che, Editorial Jorge Alvarez, Buenos Aires, 1968. En Argentina, esta obra desató una fuerte reacción, se destaca la publicada por Norberto A. Frontini en Críticas al libro Mi amigo el Che. Editorial A. L., diciembre, 1968. Frontini demuestra allí la inexistencia de amistad entre Rojo y Che, y las posiciones ideológicas burguesas y el oportunismo político del improvisado biógrafo.
(7) Sin embargo el libro de Rojo logró confundir hasta a pensadores de la izquierda. Por ejemplo, en El Popular de Montevideo, el 26 de julio de 1968 se publicó una reseña favorable: "el libro vale... aunque hay que saber leer' .También Carlos María Gutierrez ofrece un balance positivo sobre el autor y su obra, en Marcha, Montevideo, 20 de julio de 1968.
(8) Frederich Hetmann. Yo tengo siete vidas. Ediciones L6guez. Sa1amanca. 1982.
(9) Enrique Salgado. Radiografia del Che. Editorial Dopesa, Barcelona, 1970.
(10) Hugo Gambini. Ernesto Che Guevara. Editorial Paidós, Buenos Aires, 1968.
(11) Andrew Sinclair. Guevara. Editorial Grijalbo, Barcelona, España, 1973.
(12) J Lavretski. Emesto Che Guevara. Editorial Progreso, Moscú, 1975.

 
Centro de Estudios
Che Guevara