"Crear dos, tres... muchos Vietnam, es la consigna": A 35 años del Mensaje a los pueblos del mundo.
Con abarcadora y comprometida consigna, titula Che su mundialmente conocido "Mensaje a la Tricontinental", publicado el 16 de abril de 1967, cuando se encontraba en plena lucha internacionalista en tierras bolivianas, impregnado del fulgor y la luz martiana, que nos recuerda la histórica entrevista que le hiciera Jorge R. Masetti en plena Sierra Maestra, en 1957: "En primer lugar yo considero mi patria no solamente a la Argentina, sino a toda América. Tengo antecedentes tan gloriosos como el de Martí y es precisamente en su tierra en donde yo me atengo a su doctrina..."
A diez años de sostenida lucha y compromisos "con los pobres de la tierra", pasando por la experiencia de la lucha revolucionaria en Cuba, su condición de constructor de una nueva sociedad y su dimensión internacionalista de avanzada en el Congo, hacen del "Mensaje" una síntesis analítica de verdades y reflexiones acumuladas a lo largo de ese tiempo, donde se conjuga un pensamiento teórico creador con una praxis revolucionaria, que lo conducen a la elaboración de una concepción tercermundista, definida y diseñada para la obtención de la verdadera liberación y emancipación de esas regiones expoliadas del mundo.
Todo el que ha seguido la trayectoria y el pensamiento de Che, saben de su permanente preocupación por conocer, estudiar y transformar la realidad tercermundista y no asombra para nada que en momentos tan tempranos como 1959, cuando realizara el recorrido por los países que conformaban el Pacto de Bandung, antecedente del futuro Movimiento de los países no alineados, escribiera un artículo sobre esas vivencias, que bien pudieran formar parte, transcurridos siete años, del Mensaje: "A la nueva conferencia de los pueblos afroasiáticos ha sido invitada Cuba. Un país americano expondrá las verdades y el dolor de América ante el augusto cónclave de los hermanos afroasiáticos. No irá por casualidad, va como resultado de la convergencia histórica de todos los pueblos oprimidos, en esta hora de liberación. Irá a decir que es cierto que Cuba existe y que Fidel Castro es un hombre, un héroe popular...
Desde la nueva perspectiva de mi balcón [...] tengo que contestarles a todos los cientos de millones de afroasiáticos que marchan hacia la libertad en estos tiempos atómicos, que sí; más aun: que soy otro hermano, otro entre la multitud de hermanos de esta parte del mundo que espera con ansiedad infinita el momento de consolidar el bloque que destruya, de una vez y para siempre, la presencia anacrónica de la dominación colonial".
El Mensaje, como documento político y de denuncia, no pretende, como señala Che, historiar los diversos conflictos de carácter local que se sucedían, pero lo que sí es innegable que dado el nivel de análisis con que se tratan, explican lo que estaba aconteciendo en cada uno de los continentes y el sustrato y origen que los provocan.
El orden expositivo que plantea recorre América, Asia y África, bajo un eje articulador dominante que es Vietnam y la realidad lacerante de una guerra impuesta por los poderes hegemónicos imperialistas, donde el agredido, a pesar de representar "las esperanzas de victorias de todo un mundo preterido, está trágicamente solo".
El ejemplo permanente de Vietnam y la postura a asumir como posición de principios por el mundo socialista, fueron dramáticamente expuestos en discursos precedentes al Mensaje, en Ginebra en marzo de 1964 y en Argelia en febrero de 1965, los que constituyen además, una avanzada de sus acciones posteriores: "No hay fronteras en esta lucha a muerte, no podemos permanecer indiferentes frente a lo que ocurre en cualquier parte del mundo, una victoria de cualquier país sobre la derrota de una nación cualquiera es una derrota para todos. El ejercicio del internacionalismo proletario es no sólo un deber de los pueblos que luchan por asegurar un futuro mejor; además, es una necesidad insoslayable. Si el enemigo imperialista, norteamericano o cualquier otro, desarrolla su acción contra los pueblos subdesarrollados y los países socialistas, una lógica elemental determina la necesidad de la alianza de los pueblos subdesarrollados y de los países socialistas; si no hubiera ningún otro factor de unión, el enemigo común debiera constituirlo."
De América, "continente olvidado", le asigna una tarea de alto relieve: "la de la creación del Segundo o Tercer Vietnam o del Segundo y Tercer Vietnam del mundo". Nadie mejor preparado que Che para caracterizar los problemas centrales que aquejan a Latinoamérica, cuando desde muy joven unió su compromiso y voluntad para conocer de sus esencias. Dos viajes recorriendo el continente, desde diciembre de 1952, lo llevan de la mano al conocimiento de la indefensión de sus pueblos, a auscultar el camino verdadero o no de una revolución como la boliviana o la guatemalteca, hasta culminar con su entrega sin límites a la lucha revolucionaria en Cuba y su triunfo en 1959.
No es casual que el Mensaje fuera redactado justamente cuando se entrenaba en Pinar del Río, junto a sus compañeros que lo seguirían a Bolivia y donde estaba plenamente convencido que el único camino posible para solucionar los problemas del continente era la lucha armada, teniendo en cuenta el enorme poder económico y político de Estados Unidos en la región, quien no escatimaría el uso brutal de la fuerza, con el objetivo de cortar cualquier brote que intentara impedir su hegemonismo.
Estaba conciente que era una lucha larga, dispuesta a enfrentar un sistema mundial de poder y cuya finalidad estratégica sería la destrucción del imperialismo, a través de eliminar sus bases de sustentación, como única forma de lograr la liberación real de los pueblos.
Dentro del contexto analizado, África ocupa un espacio vital, tomando en consideración no sólo lo expuesto en sus definiciones de 1959, sino que para ese entonces, había estudiado con profundidad los problemas esenciales del continente, había trabado contacto con los principales movimientos de liberación y en 1965, había participado en la lucha revolucionaria en el Congo. Muchas de las ideas resumidas en el Mensaje se encuentran anteriormente enunciadas en discursos, como el emitido en Naciones Unidas en 1964 y sobre todo en sus memorias de la guerra del Congo, que titula Pasajes de la guerra revolucionaria: Congo, en cuyo epílogo analiza detalles de la realidad económica, política y social de la zona y sus posibilidades reales de lucha, además de caracterizar a la burguesía nacional y su posición dependiente dentro de la estructura de dominación imperante.
Aunque es del criterio que África no tenía una situación revolucionaria continental propicia en esos momentos para la liberación a corto o mediano plazo, sí poseía riquezas extraordinarias que la convertían en un reservorio para los nuevos intereses de Estados Unidos, destacando en esa dirección, la importancia de la lucha contra los poderes coloniales y la necesidad de formar profundamente a los grupos de combatientes revolucionarios, los que sumados a los movimientos en otros continentes pondrían en jaque a todo el aparato represivo, sosteniendo el principio de cortar todos los focos de sustentación del imperialismo.
Respecto a la situación en Asia, además de singularizar algunos momentos relevantes de su historia, la fundamentación de su importancia económica, política y estratégica, dada la presión y confrontación que había impuesto Estados Unidos para establecer un cerco sobre China por medio de la Península de Indochina, contribuyen no sólo al esclarecimiento de la táctica y estrategia que debía seguirse en la lucha, sino esencialmente a comprender la magnitud de la guerra en Vietnam y todo lo que se estaba poniendo en juego, de no asumir una posición de enfrentamiento y unidad: "La solidaridad del mundo progresista para con el pueblo de Vietnam semeja a la amarga ironía que significaba para los gladiadores del circo romano el estímulo de la plebe. No se trata de desear éxito al agredido, sino de correr su misma suerte; acompañarlo a la muerte o a la victoria.
Cuando analizamos la soledad vietnamita nos asalta la angustia de este momento ilógico de la humanidad".
Esa definición, además de desgarradora, convocaba a un objetivo unitario que propiciara una alianza verdadera entre los pueblos subdesarrollados y los socialistas y el camino necesario para alcanzar una estrategia global de lucha y de liberación definitiva. Lamentablemente, el llamado de Che acerca de los enormes problemas que acarrearían las divergencias existentes no fue escuchado y las consecuencias han sido nefastas, provocando un cambio sustancial en la correlación de fuerzas en el mundo y donde Estados Unidos ha emergido como la única potencia hegemónica.
Resulta estremecedor por su actualidad, refiriéndose a Asia, lo expresado con respecto al Oriente Medio: "Perteneciendo geográficamente a este continente, pero con sus propias contradicciones, el Oriente Medio está en plena ebullición, sin que se pueda prever hasta donde llegará esa guerra fría entre Israel, respaldada por los imperialistas, y los países progresistas de la zona. Es otro de los volcanes amenazadores del mundo". De seguro, a veces leyendo tantos pronósticos hubiéramos preferido que no nos aplastara con tantas verdades, que a fuerza de vivirlas cotidianamente golpean y estremecen, por su lógica irrevocable y su visión aguda del futuro.
Después de 35 años de emitido el Mensaje, enfrentados a tanta barbarie, la convocatoria a la acción contra el imperialismo y el clamor por la unidad de los pueblos contra el "gran enemigo del género humano: Estados Unidos de Norteamérica", nos acerca hoy más que nunca al verdadero sentido de que el camino de Vietnam es el único camino que deben seguir los pueblos, ajustados a los requerimientos de los tiempos por los que transitamos. Aún cuando su concepción a escala global del imperialismo no refleja totalmente lo que ocurre en la actualidad, los principios esenciales mantienen su extraordinaria vigencia en nuestro mundo globalizado, que lejos de renunciar a sus esquemas muy por el contrario, han recrudecido sus posiciones intervencionistas y organizado en mayor escala la explotación, sin la réplica y contraparte a las que convocaba Che: ante un sistema mundial imperialista combatirlo en un enfrentamiento mundial y donde todos los pueblos ocupen el papel que logre acabar con las fuerzas reaccionarias.
Por último, comprender el llamado a la Solidaridad con Vietnam en nuestros días no es una frase retórica o recurrente, sino la médula de un principio central e imprescindible del discurso teórico-revolucionario de Che, abarcador de su concepción humanista y del papel de la ética y la moral en la lucha revolucionaria como una necesidad imperiosa para proclamar un mundo más justo y expresado a través del sacrificio y la entrega cotidianos a favor de la humanidad y en la lucha por la conquista de una Paz verdadera, no la de los discursos formales, ni la de los esquemas imperantes de su época, definidos como coexistencia pacífica, sino la que se alcanza con la verdadera Unidad, esa que sólo se obtiene como bien proclama, por medio de la unidad decidida de los pueblos.
Como ha quedado definido, el Mensaje se publica cuando Che se encuentra en Bolivia demostrando con su ejemplo personal y su sentido heroico de la vida que el llamado que hiciera es posible con la participación real y efectiva de todos, encontrando en una frase de Fidel su mejor definición: "... qué importan los peligros o sacrificios de un hombre o de un pueblo, cuando está en juego el destino de la humanidad".